sábado, 26 de abril de 2008

Sin exclusiones

De todas las etapas por las cuales pasa un ser humano, las más importantes para su desarrolllo afectivo-emocional, que son los que determinan de una manera u otra su futura personalidad, son los primeros años de vida. Es decir, la personalidad de una persona se gesta en la más tierna infancia.

En los dos primeros años de vida el niño vive en una simbiosis con la madre, y es un ser dependiente y pasivo. En esos años todavía no tienen adquirido el lenguaje y pegan por su espacio, y eso es normal en esa etapa, aunque deberemos contener al niño y ofrecer modelos alternativos de conducta y aplicando el método del rincón de pensar, para luego explicarle su conducta y hacerle ver en su propio leguaje que no es una conducta positiva.

Apartir de los dos años, el niño se activa y empieza la necesidad de ser dependiente, y es cuando aparece el no a todo. Empiezan a tener la necesidad de hacer solitos las cosas y todo lo hacen corriendo. Es la etapa de la individualización, y ésta se producirá si hay un vínculo de apego seguro, por ejemplo, los niños correrán por el paque, pero se volverán para ver si está su madre, y seguirán jugando. Los niños necesitan la independencia dentro de un marco seguro.

Los ninño necesitan jugar, expresarse libremente a través del juego, del dibujo, necesitan experimentar con la realidad, y tropezarse para después saber levantarse, pues cunado sobreprotegemos a un niño no le damos los recursos para hacer frente a la vida, y eso es una especie de abandono, pues no se le da los recursos, y no puede hacer nada sin sus progenitores.

En su desarrollo los niños también necesitan ciertas normas y límites para aprender a hacer frente a las nuevas experiencias que se les presenta diariamente. En este sentido la disciplina, es entender las necesidades emocianles de los hijos y orientarles para que aprendan a manejarlas efectivamente; ayudarles a que se adapten a su ambiente de manera adecuada y segura.


Las reglas deben ser definidas de forma que los niños puedan entender y seguir, no poner muchas reglas y conforme van creciendo, dejémoslos participar en el establecimiento de algunas reglas, y lo que sucede si las cumplen o no. La negociación también da buenos resultados. (p.e ¿qué te parece si te lavas los dientes y luego te leo un cuento?.

Lo más importante es expresar esas normas de forma positiva sin olviadar las necesidades de los hijos (p.e en vez de no corras en casa por se peuede correr solamente en el patio; está caliente y te puedes quemar).

Brevemente he querido exponer los aspectos más importante para el desarrollo del niño, pues en niños que han sido dados en adopción, se puede dar una alteración de este desarrollo, dependiendo de la edad del niño a la hora de ser adoptado, pues no es lo mismo adorptar con 6 meses, que con 5 años, pues establcer ese vinculo de apego seguro con el bebé de 6 meses será más fácil que con el niño de 5 años que arrastrará toda una historia personal.

Qué es lo más importante a la hora de evaluar a los que quieren adoptar, ante todo hay que proteger al niño, y velar por sus necesidades propias, tendiendo en cuenta su historia personal. Ante todo debe primar el niño.

En los adoptantes qué es lo más importante: que el niño tengan tanto un referente materno como paterno, o que el progenitor o progenitores sean capaces de establcer ese vínculo de apego seguro y sepan cubrir todas las necesidades en todas la etapas evolutivas como he expuesto anteriormente.

Yo, personalmente y como psicóloga me quedo con la segunda opción, pues el tener como referencia ambas figuras maternas como paternas, no es garante de un adecuado desarrollo, pues en nuestra sociedad actual hay familias monoparentales, separadas, que sabiéndolo hacer bien con el niño, no debería haber ningún problema. Es por ello, que no debemos excluir del derecho a adoptar a parejas homosexuales, solteros, siempre y cuando puedan cubrir las necesidades del niño y establezcan ese vínculo de apego seguro, aunque siempre ante todo tenemos que mirar por el niño, sus derechos y necesidades emocionales.

Concluyendo, hay que velar por el niño para su adecuado desarrollo, y por ello no debemos a priori excluir a nadie de poder adoptar, basándode quizás en prejuicios sin base ni sentido.

martes, 22 de abril de 2008

La carrera

A continuación os escribo un cuento que pertenece a un libro de Jorge Bucay:
"La escuela de niños especiales organizó la primera jornada de Olimpiadas para los alumnos d ela escuela.
Todos los inscritos tenian en común padecer síndroem de down. Cada alumno participaba por lo menos en alguna disciplina y varios de ellos en más de una.En el fin de la tarde estaba planeada la carrera de 100 m lisos. El pofesro de educación física les dijo:
- Jóvenes, a pesar de ser una carrea, lo importante es que cada uno dé lo mejor de sí. No es importante quién gane finalmene la carrea, lo verdaderamente mportante es que todos llegéis a ella.
Con gran entusiamo todos se prepararon en la salida, y tras el disparo todos salieron corriendo, y desde el pricipio dos de ellos se separaron del resto lidrando la búsqueda de la meta. De repente la niña que corría en penúltimo lugar tropezó y cayó.
La raspadura en las rodillas fueé menor que el susto, pero la niña lloraba por ambas cosas. El jovencito que iba en último lugar se detuvo a auxiliarla, se arrodilloó a su lado y le besó las rodillas. El público se puso de pe y se tranquilizó al ver que nada grave pasó.
Sien embargo, los otros niños, todos ellos, se giraron hacia atrás, y al ver a sus compñeros volvieron sus pasos atrás. Al juntarse consolaron a la jovencita que cambió su llanto por una risa cuando todos tomaron la decisión: el maestro les había dicho que lo importante no era quién llegara primero, así que entre todos la alzaron en el aire, la cargaron y rompieron la cinta de llegada todos a la vez."
Lo importante es que todos lleguemos a la emte, no imporat en que lugar, y nos enseña el valor de la coopercaión y uan gran humanidad.

Alzheimer y dependencia

El gobierno de la Generalitata Valenciana, a fecha de hoy, no está haciendo efectiva la apliación de la Ley de dependencia, que muchos valencianos demandan, pues ven como en otras muchas comunidades los familiares con personas dependientes ya están cobrando las ayudas. Esto no es lo ínico a criticar, sino que dicho gobienro ha decidido por no incluir el alzheimer en dicha ley.

La cuestión estriba en si las personas con alzheimer son o no dependientes, pues dicha enfermedad se manifesta paulatinamente con deterioros congnitivos y con trastorno de la conducta. Se puede distinguir tres etapas, y es en la segunda fase cuando su autonomía se ve claramente perjudicada con la enfermedad y requieren de ayuda.

Es por ello que dicha enfermedad debería ser incluida por la conselleria de sanitat de la comunitat valenciana.

domingo, 20 de abril de 2008

¿El partido de todos?

Durante el día de ayer, Mariano Rajoy en visita oficial en mi ciudada natal, Elche, aseveró que el PP es un partido integrador donde tiene cavida la socialdemocracia, los liberales y los conservadores. En definitiva el PP no tiene una sola ideología, sino varias, y esto le puede traer más que un quebradero de cabeza.
Lo que mayor críticas ha traido ha silo la inclusión de la socialdemocracia como sensibilidad ideológica dentro de dicho partido. ¿Y qué pretende la socialdemocracia? Supongo que paliar los efectos negativos del capitalismo que dan lugar a situaciones injustas, porque haberlas haylas.
¿Qué se esconde trás estas palabras? Quizás un intento de ideología ecléctica, pues yo ecléctica soy, aunque no se si sus afiliados lo tendrán tan claro. Tener una ideológia ecléctica conlleva una madurez política bastante desarrollada, aunque no se si Mariano poseerá dicha ideología.
El próximo mes de junio, el PP elige presidnete/a en el congreso deValencia. Para cualquier partido el debate ideológico debe ser positivo e incluso la presentación de una candidatura alternativa para que sus afiliados puedan elegir. Pero en dicho congreso seguramente no recoja la sensibilidad de sus afiliados, es por ello que sería bueno para ese partido unas primarias con circunscripción unica, es decir, que sus afiliados voten a sus candidatos previamente conocidos sus proyectos políticos e idiológicos.

sábado, 19 de abril de 2008

El placer de la lectura

Para algunas personas el coger un libro y estarse horas leyendo es una actividad aburrida, e inclusive una perdida de tiempo, como recientemente me comentó una amiga. Evidentemente no me incluyo en ese grupo de personas que desdeñan la lectura, pues para mi cada libro es un ventana nueva que me lleva a sumergirme en las vidas de unos personajes cuya historia está por descubir, y conforme avanzamos en la historia nos damos cuenta de que los personajes avanzan con nosotros.
En el ámbito literario hay multitud de géneros, y es obvio que habrá personas que les gusté unos géneros más que otros, aunque lo importante sea leer y abrir nuestra mente a las historias que quedan por contar. Los dos últimos libros que he tenido la oprtunidad de leer son "Los archivos de Salem" y "Cuenta conmigo", siendo este último un libro de aprendizaje interior y de la vida en general.
Leer no es una perdida de tiempo sino es un cultivo para el alma. Y desde aquí, para quien lea este blog animo a leer, y dar vida a esas historias que quedan por contar.

jueves, 17 de abril de 2008

Más allá de la conducta manifiesta

Nomalmente las personas suelen valorar y juzgar las conductas manifiestas de las personas sin detenerse a reflexionar sobre lo que subyace a dicha conducta. En el caso de los niños esto es claramente manifiesto, en el caso de las rabietas, los adultos solo tienen interés en eliminar esa conducta distrutiva sin atender a sus causantes.
Es como un gran iceberg, pues debajo de toda rabia hay dolor, tirsteza, y en el fondo de todo se encuentra el amor, pues solo lo que amamos nos puede provocar dolor, tristeza. Esto lo podemos extrapolar a las conductas infantiles como adultas.
No solo hay que ver y oir a las personas, a los niños, sino hay que mirarlas y escucharlas, pues en la infancia se va haciendo la persona que un día será el adulto.

De nuevo aquí

Hola, aquí estoy de nuevo, es cierto, como me ha dicho mi amigo Jose Francisco, que últimamente no escribo nada nuevo, será porque la situación política sigue igual que siempre, o quizás no. Lo más novedoso del nuevo gobierno es la cantidad de mujeres al frente de los ministerios, y los que siempre van en contra del gobierno, haga lo que haga, lo atañen a la famosa ley de igualdad, en la que tiene que haber paridad. Digo yo, que no será porque esas personas están capacitadas, demósles un tiempo suficiente que nos permita evaluar su gestión.

La designación que más revuelo a causado ha sido la designación de Carmén Chacón frente al ministerio de defensa, ya habrá algunos que se desgarren las vestiduras ante tal atrevimiento, y encima embarazada. Me pregunto yo, ¿por qué no?, les pediría a aquellos que las juzgan con unas gafas especiales al ser mujeres, que se las quiten y viesen a la persona. Muchas ya la critican por su cargo anterior, y si en el anterior ministerio no lo hizo bien, pues en este peor. Eso se llaman prejuicios, porque yo puede que no este capacitada para una cosa, pero eso no me invalida para estra bien capacitada para tantas otras.

Por último decir, que algunos periodistas de este país manifiestan actitudes machistas a la hora de juzgar la actuación de las políticas, sean del partido que sean, puesto que valoran sus actuaciones politicas según su aspecto físico y la forma de vestir, y personalmente no veo que eso pase con los hombres. Y puedo poner un ejemplo de como se le criticaba a la nueva portavoz del PP, por su aspecto físico.

Es de lamentar los resquicios de machismo que imperan a fecha de hoy en este país de libertades e igualdades.

jueves, 10 de abril de 2008

Los resortes del terror. Luis De La Corte Ibáñez

La reciente ofensiva contra el terrorismo de origen fundamentalista, así como la propia circunstancia española, sobre todo en el País Vasco, nos fuerza a un análisis de este problema en cuanto fenómeno social. No cabe ocultar su complejidad, tanto a la hora de definirlo y detectar sus causas como por lo que concierne a su resolución. No obstante, algunas aclaraciones a este respecto pueden hacerse. Para evitar ciertas simplificaciones habituales, el terrorismo debe ser conceptualizado en términos estratégicos. Sus causas son múltiples y de orden tanto objetivo como subjetivo. Todas ellas deben ser consideradas de cara al diseño de una política eficaz para su erradicación, objetivo este que no podrá ser alcanzado por medios exclusivamente políticos o militares. Según nos cuentan políticos y periodistas de diverso signo, los trágicos atentados perpetrados en Nueva York y Washington el pasado 11 de septiembre nos han metido en una nueva y misteriosa guerra que no se sabe muy bien en que pudiera consistir, aunque sí a quienes enfrenta: los Estados Unidos y sus gobiernos aliados, de una parte, y a ciertas organizaciones terroristas de origen islámico, de otra. A más largo plazo, y si después de los primeros meses se mantiene la coherencia con ciertas declaraciones de las últimas semanas, el objetivo de esta "guerra" podría ampliarse hasta alcanzar a cualquier forma de terrorismo subversivo. Horrorizados por los sucesos de aquella tarde de septiembre en la que la realidad superó con creces a la ficción de Hollywood y de las novelas de espías, la mayoría de los ciudadanos nos sentimos inicialmente impulsados a apoyar las decisiones políticas y las acciones militares que sobre esa nueva "guerra" vienen sucediéndose. Sin embargo, no hay ninguna certeza respecto a los derroteros que pudiera tomar esta nueva alianza internacional antiterrorista, la cual, como toda coalición que pretenda presentarse a sí misma como moralmente impecable, implica algunos riesgos evidentes, tanto de tipo pragmático o de planificación como de carácter ético. Por tanto, el problema que se nos plantea a los ciudadanos es el de cómo valorar la corrección de las decisiones que nuestros gobiernos vayan adoptando cuando, por un lado, no estamos muy seguros de que las decisiones reales se reflejen en los discursos oficiales y cuando, por otra parte, sentimos que nos faltan criterios para enjuiciar de manera adecuada aquellas decisiones. Instalados en esta coyuntura, una reflexión sobre el fenómeno del terrorismo se percibe, por fin, como absolutamente necesaria. ¿Cómo podemos explicar el terrorismo? Y, partir de ahí, ¿cómo erradicarlo? En este artículo me limitaré a ofrecer algunos argumentos que podrían servir para responder a la primera cuestión. El terrorismo como estrategia Las primeras definiciones explícitas del fenómeno del terrorismo provienen de los ya muy lejanos siglos XVIII y XIX, concretamente de la pluma y los discursos incendiarios de algunos revolucionarios franceses y rusos, quienes hicieron una reivindicación activa y beligerante del empleo de la violencia y el terror como estrategia legítima y oportuna para consolidar un gobierno (el jacobino) o para derrocarlo (el imperio zarista). Por el contrario, hoy, el empleo que ciudadanos y actores políticos suelen hacer de palabras como "terrorismo" o "terroristas" es más evaluativo que descriptivo, lo cual se comprueba en el propio rechazo que cualquier terrorista manifiesta a ser identificado como tal. Que el recurso al terror se haya convertido en una actividad reprobada y reprobable supone, desde luego, una buena noticia, aunque dicha transformación semántica haya transformado la palabra "terrorismo" en un arma arrojadiza que promueve un uso hipócrita y puramente retórico de dicho término. En la actualidad, el terrorismo se identifica fundamentalmente con aquellos casos de violencia criminal que son protagonizados por grupos u organizaciones que actúan al margen de la ley y con propósitos generalmente subversivos, olvidando que han sido los propio Estados de todas las épocas los que más veces han incurrido directa o indirectamente en esta clase de prácticas abominables. Es por esta clase de razones que la necesidad de definir el terrorismo con criterios tan amplios como precisos, criterios que permitan tanto su descripción como su reprobación, se vuelve aún más importante. ¿Cuál podría ser entonces esa definición? Aunque la lista resulta abultada y heterogénea, las definiciones más acertadas son aquellas que, sin renunciar a las connotaciones negativas que hoy por hoy incluye el término, ponen especial énfasis en su dimensión estratégica. El terrorismo es una estrategia, una forma de ejercer la violencia cuyos efectos psicológicos y sociales resultan mucho más decisivos, en términos tácticos, que los daños físicos que sean ocasionados por los propios actos terroristas, por muy graves que estos pudieran llegara a ser. Aunque el número de víctimas directamente agredidas pueda ser mínimo, el verdadero blanco de cualquier ataque terrorista viene constituido por toda la población a la que esas víctimas directas pertenecen y representan. El terrorista no tiene tanto interés en eliminar a ciertas personas como en sembrar el miedo o el terror en una sociedad con el propósito último de afectar al equilibrio de poderes establecido, lo cual significa que el terrorismo siempre, o casi siempre, persigue un objetivo político. Hay que subrayar que esta definición puede aplicarse a la identificación de acciones violentas muy diversas, desde los atentados cometidos por cualquier grupo radical subversivo, pasando por ciertas operaciones desarrolladas por un ejército en el marco de una guerra convencional y que atentan contra la población civil, y alcanzando también a diferentes prácticas de represión política ejercidas por las fuerzas de seguridad de diversos Estados o por grupos paramilitares, ya sea a través de agresiones selectivas a personas concretas o incluso mediante el uso indiscriminado de la fuerza con objetivos de exterminio masivo. Las condiciones objetivas del terrorismo: explicaciones falsas y explicaciones insuficientes. A la hora de intentar explicar el terrorismo precisando sus causas o antecedentes conviene huir de simplificaciones y descartar antes de nada algunas explicaciones absurdas. La hipótesis más descabellada e inútil es la que proviene del estereotipo del criminal patológico, cuya aplicación a la personalidad de los terroristas ha sido sostenida incluso por algunos supuestos expertos. Todas las investigaciones serias al respecto desmienten el planteamiento. Un segundo intento explicativo, no menos trivial, pasa por recordarnos con tanta tristeza como rotundidad que el ser humano es un animal naturalmente abocado a la violencia, habitado de algún oscuro impulso mortal que habríamos de suponer especialmente agudizado en el terrorista. Aparte de no precisarnos demasiado por qué es que no estamos siempre a la gresca, si realmente somos tan agresivos, este argumento pretende ignorar dos cuestiones fundamentales. La primera es la de que la mayoría de las ocasiones en las que las personas se implican en acciones violentas lo hacen de manera deliberada y consciente. Esto es mucho más evidente aun en el caso de la violencia terrorista pues, en perfecta coherencia con su definición estratégica, podemos suponer que la decisión de ejercer el terrorismo es siempre consecuencia de un cálculo instrumental, es decir, de una deliberación que lleva al terrorista a creer que el terrorismo constituye el medio más eficaz para realizar determinados fines (sociales).Una segunda evidencia que no toman en cuenta las frustradas hipótesis biológicas y psicopatológicas sobre el origen del terrorismo es la de su enorme dependencia respecto al contexto social e histórico en el que dicho fenómeno se manifiesta. Únicamente cuando estas dos cuestiones orientan el análisis del terrorismo empezamos a encontrar algo más de luz. Comencemos por analizar los factores de orden objetivo o sociológico-estructural que constituyen de hecho el contexto de todo fenómeno terrorista. A nadie se le oculta que los episodios de terrorismo han sido mucho más numerosos en aquellas sociedades caracterizadas por algunas condiciones estructurales altamente conflictivas: desigualdad e injusticia social extremas, ausencia de libertades políticas (represión estatal con fines simbólicos o intimidatorios, terrorismo revolucionario o de guerrillas y de grupos paramilitares), confrontaciones ideológicas o religiosas (terrorismo de grupos revolucionarios, fascistas, anarquistas o racistas, terrorismo fundamentalista) o por problemas de territorialidad e identidad (terrorismo nacionalista). Por tanto, y como también se supone de cualquier otra forma de violencia política, el terrorismo puede entenderse como expresión más intensa de determinadas tensiones internas que afectarían a ciertas sociedades en determinados momentos históricos. Esta idea ha recibido el apoyo de la conocida hipótesis sobre la "frustración-agresión" planteada hace bastante tiempo por algunos psicólogos. Como evidentemente el conflicto puede generar frustración en aquellos que llevan la peor parte, ahí podríamos reconocer una variable intermedia, de tipo afectivo, que acabaría de explicar las frecuentes correlaciones encontradas por los sociólogos entre situaciones de conflicto y expresiones suyas a través de la violencia. Pero conviene recordar que ningún caso de terrorismo surge de forma automática, pues los seres humanos tampoco somos autómatas. Habría que preguntarse entonces bajo qué clase de circunstancias resulta más probable que un grupo de personas llegue a tomar una decisión tan grave como la de implicarse en una estrategia terrorista. Desde el punto de vista de los factores de tipo objetivo, hay que contemplar al menos tres condiciones que parecen indispensables para que esa decisión pueda darse. Por un lado, el terrorista debe anticipar que las consecuencias que se derivarán de la aplicación de una estrategia terrorista serán más positivas que negativas en relación a los fines que persigue. Estas posibles consecuencias positivas pueden ser diversas: recabar atención pública, incidir sobre las actitudes de la población, provocar una reacción violenta de los adversarios, destacar sobre otros grupos terroristas competidores, reforzar la moral del propio grupo, etc. En segundo lugar, la decisión de iniciar o mantener una estrategia terrorista no puede ser adoptada sin tener la certeza de que se disponen de los recursos necesarios para desarrollarla: recursos humanos (los propios terroristas y sus colaboradores a otros niveles), sociales (apoyo de otros grupos o sectores de la sociedad), económicos y materiales (armas, tecnología). Pese a todo, una explicación del terrorismo únicamente basada en sus condiciones socio-estructurales parece incapaz de resolver algunas incógnitas decisivas. Por ejemplo, aún no hemos conseguido explicar por qué el terrorismo u otras formas de violencia política no han constituido una práctica generalizada en todas las sociedades donde se han dado condiciones altamente conflictivas. De hecho, sabemos que no todas las sociedades tienden con igual facilidad a dirimir sus conflictos mediante la violencia y mucho menos a través de una estrategia terrorista, por muy graves que sean dichos conflictos. Tampoco podemos explicar a partir de la hipótesis socio-estructural por qué en algunos contextos históricos el terrorismo perdura a pesar de haberse producido cambios estructurales y políticos decisivos que, de hecho, han conseguido anular total o mayoritariamente las causas del conflicto original. ¿Qué otras explicaciones pueden resolver estos dilemas? La dimensión sociopsicológica. De la explicación basada en el análisis de sus condicionantes socio-estructurales se podría deducir que la decisión de iniciar y/o sostener una estrategia terrorista se adopta de manera puramente racional, es decir, a partir de un análisis riguroso de las oportunidades reales de éxito que la propia realidad social ofrece. Sin embargo, esta afirmación resulta problemática pues parece ignorar la innegable dependencia del fenómeno que tratamos de explicar respecto a ciertos factores de tipo subjetivo o sociopsicológico. Sobre todo, hay que reconocer que el terrorismo siempre implica una ideología, entendiendo por ideología cualquier sistema de creencias y valores compartidos por un grupo social y que determina el modo en que dicho grupo tratará de afectar a la configuración de poder socialmente establecida. Una definición amplia del concepto de ideología como la que aquí proponemos puede ser referida a creencias y valores de tipo religioso, cultural y/o político. Además, en toda ideología, incluidas las que pueden orientar cualquier forma de terrorismo, existen tres elementos firmemente entrelazados que conviene resaltar: una representación de la realidad social, un conjunto de fines y valores morales a cuya realización debe orientarse la acción colectiva y un preciso conjunto de medios que se señalan como imprescindibles para llevar a cabo dicha acción. Desgajar uno de estos elementos de los otros suele ser tarea ardua en la medida en la que quienes comparten esa ideología se identifican con todos esos ingredientes a la vez. Las ideologías influyen poderosamente en el modo en que los grupos que las sostienen afrontan las posibles situaciones conflictivas en las que puedan verse implicadas a lo largo de su existencia. En principio, permitiendo identificar como más o menos conflictivas esas situaciones, tomar conciencia del conflicto (incluso con relativa independencia de si ese conflicto es real, tal y como lo interpretan sus protagonistas) e, inmediatamente después, sugiriendo alguna estrategia o plan de acción para gestionar o solventar dicho conflicto. Así, la ideología de los diferentes grupos terroristas conocidos (incluidos aquellos directa o indirectamente vinculados a algún Estado) suele incluir: (1) una representación maniquea y dicotomizada del mundo social que lo reduce a un campo de fuerzas donde se oponen el bien y el mal, y (2) alguna alusión al principio maquiavélico de la legitimación de los medios a partir de los fines, siendo en este caso la violencia y el terror los medios que acaban siendo legitimados; además, la ideología proporciona también (3) una imagen deshumanizada de los miembros del "bando" contrario, permitiendo así que los terroristas transfieran la culpabilidad de sus actos criminales a las víctimas de estos. En suma, y gracias a la ideología que incita sus acciones, el terrorista se ve a sí mismo como un agente moral, un héroe de su nación, su clase o su raza, o un servidor de su dios. En consecuencia, la ideología parece determinar la lógica de la acción terrorista, la cual suele manifestarse como una lógica imperfecta, basada en una lectura distorsionada de la realidad y capaz de provocar graves errores de cálculo respecto a las posibles consecuencias de los propios actos terroristas. No obstante, sigue sin quedar claro cuál es la razón por la que los terroristas se aferran tanto a una ideología que les obliga a llevar una vida tan poco cómoda como la suya, que tiende a aislarles del resto del mundo y que les hace incurrir en tantos peligros. Para encontrar una explicación a todo esto hay que atender al terrorismo en su dimensión organizativa. En cuanto sistema que satisface determinadas necesidades básicas para la vida de sus miembros, toda organización social tiende a perpetuarse a sí misma y las organizaciones terroristas no son una excepción a esta regla. Así, los procesos de socialización, reclutamiento y renovación de sus miembros, el mismo diseño de la organización (normas, roles o cargos, objetivos inmediatos), la actividad de sus líderes, los incentivos que la organización dispensa a aquéllos, los propios lazos de amistad que se forman entre los terroristas, las prácticas predatorias en las que frecuentemente se implican para obtener dinero y armas (robos, extorsiones, secuestros, negocios legales e ilegales), el establecimiento de contactos con otros sectores sociales, con otras organizaciones terroristas, etc.; todos estos factores cooperan a la supervivencia de la organización como tal y por tanto, a la persistencia del propio hecho del terrorismo. Incluso la ideología queda afectada por esa misma "lógica" reproductiva de la organización que, por encima de cualquier otro fin, aspira a su propia supervivencia, fomentado así el aislamiento de sus miembros respecto de las críticas externas a la visión del mundo social que su ideología transporta. Al fin y al cabo, esta es una perversión habitual de casi todos los sistemas ideológicos, terroristas o no. En tanto en cuanto la propia supervivencia o disolución de una organización puede depender de la mayor o menor afinidad ideológica de sus miembros, tal propiedad se convierte en un requisito que los mismos miembros de la organización tienden a realizar por todos los medios diversos (algunos ya mencionados: procesos de socialización, diseño normativo, control de la información, propaganda, etc.). Algunas conclusiones para el futuro inmediato. He revisado los principales factores que condicionan el problema del terrorismo en un sentido amplio, aunque indudablemente no he ocultado la preocupación más inmediata acerca de los movimientos terroristas subversivos que hoy amenazan la estabilidad de las democracias consolidadas. He propuesto tres ideas fundamentales. Por un lado, el terrorismo debe entenderse como una estrategia de influencia política basada en la propagación del miedo a través de la violencia, de donde resulta que ningún agente social, ninguna institución o grupo capaces de ejercer dicha violencia quedan excluidos de la posibilidad de incurrir en delitos terroristas (porque el terrorismo debe ser legalmente sancionado en todas sus manifestaciones). Creo que una definición de esta índole presenta la virtud de obligar (moralmente) a quien la asume (tal vez los propios actores e instituciones políticas que hoy denuncian y persiguen el terrorismo subversivo) a no incurrir ellos mismos en acciones terroristas. Hemos visto que, tanto el origen como la persistencia del terrorismo, remiten a ciertas condiciones de tipo social y psicológico, objetivas y subjetivas, ninguna de las cuales pueden ser ignoradas en el diseño de una estrategia contraterrorista que se pretenda eficaz. La intervención sobre las fuentes que abastecen a toda organización terrorista de recursos o medios económicos y materiales resulta tanto o más necesaria que la búsqueda y captura de sus activistas, si bien este último aspecto no puede descuidarse nunca pues en estos casos no puede haber nada más peligroso que la impresión de impunidad. Tanto los terroristas como sus víctimas potenciales, los ciudadanos, deberían contar con ciertas condiciones objetivas que les permitiesen anticipar que no habrá acto de terrorismo que no acabe perjudicando a sus responsables directos e indirectos. Sin embargo, tratar el terrorismo como un simple problema criminal (aunque indudablemente implique crímenes imperdonables), ignorando el conflicto (político, cultural, religioso) que siempre le da origen, supone emprender una vía ciega para su resolución. Este es un argumento que en numerosas ocasiones ha sido empleado con la intención dudosamente legítima de justificar el terrorismo. Resulta difícil pensar en una situación social donde los conflictos sólo puedan ser afrontados mediante un ejercicio planificado del terror y, en la medida en que esto sea así, la posibilidad de ser "comprensivos" con los terroristas debería ser excluida. Por otra parte, la conceptualización del terrorismo como un problema exclusivamente delictivo hace perder de vista el hecho de que ninguna organización terrorista podría sobrevivir si no contara con cierto apoyo popular, apoyo que evidentemente no podrá ser anulado por ningún triunfo de tipo policial y/o militar sobre sus miembros en activo. Debemos preguntarnos, por tanto, sobre las condiciones reales en las que el odio y la intolerancia pueden arraigar en la mente de las personas, como ha sucedido en tantas ocasiones a lo largo de la historia, hasta el punto de dar principio y respaldo a un movimiento terrorista, a través de la identificación psicológica con los terroristas y, especialmente, con su ideología, aspecto éste cuya importancia he procurado resaltar. El odio o la indiferencia moral que vincula al terrorista con sus víctimas tiene siempre una expresión ideológica, la cual puede ser causa o consecuencia de aquellas perversiones de los afectos que hacen posible establecer diferencias entre la humanidad de unos (los que comparten la propia referencia ideológica, los fieles, los buenos) frente a la inhumanidad de otros (los infieles, los opresores, los malos). Así, ideologizar el odio y justificar o sacralizar la violencia mediante la apelación a, y la tergiversación de, ciertos códigos religiosos, culturales o políticos, suele ser tarea fácil cuando existe una historia previa de agravios y enfrentamientos cuyas secuelas psicológicas y sociales aún perduran; es el caso de numerosos movimientos terroristas que, de manera honesta o hipócrita, han hecho de la miseria o la opresión política su "causa". Pero además de reforzar y justificar esos sentimientos espurios cuando ya han sido previamente experimentados, la ideología puede dar origen por sí misma al odio o la indiferencia moral; el fanatismo no es un hecho natural ni patológico sino el producto de ciertas pautas de socialización (que pueden y suelen empezar en las edades más tempranas) a él encaminadas. Reflexionando un poco sobre todo lo hasta aquí dicho, seguramente no sería tan difícil establecer algunas diferencias respecto a cuáles puedan ser los peores y los mejores modos de combatir el terrorismo. De un lado, y aunque en estos momentos parezca impopular afirmarlo, hemos de asumir el hecho de que los problemas de terrorismo que hoy tenemos son en parte, y en unos casos más que en otros, consecuencia de antiguas o no tan antiguas políticas a la vez inmorales e ineficaces que hicieron posible alguna forma de exclusión social (de índole económica, política, cultural, religiosa, etc.) a través del apoyo interno (por parte de un sector importante de la sociedad) y externo (por parte de algún poderoso gobierno extranjero) a gobiernos autoritarios, fanáticos y/o corruptos. En consecuencia, y respecto a sus posibles causas internas, el fin del terrorismo pasa por la consolidación de la democracia, de los principios éticos propuestos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la pluralidad cultural e ideológica y de unos niveles mínimos de justicia social. Y en lo que toca a determinantes externos del terrorismo parece claro que hemos de trabajar en la superación de los criterios básicamente egoístas que han orientado la política exterior de todas las naciones desde el final de la segunda guerra mundial. Este planteamiento no sólo cuenta con argumentos éticos a su favor sino con algunas razones estratégicas que los últimos atentados terroristas del pasado once de septiembre ponen de manifiesto. Esas razones tiene que ver, entre otros factores, con el hecho de la globalización económica, política y cultural, del que la transnacionalización de las redes terroristas es otra de sus muchas y diversas consecuencias. Aquí, afirmaciones como la de que cada vez vivimos en un mundo más interdependiente y de transformaciones continuas a escala planetaria, afirmaciones que ya se han convertido en tópicos omnipresentes en la mayoría de los discursos políticos, no se han tomado suficientemente en serio ni se han aplicado a cuestiones como la del terrorismo. Apoyar a gobiernos impresentables o a organizaciones terroristas en otras partes del mundo, tolerar la intolerancia fuera de nuestras casas y transigir con las injusticias ajenas puede costarnos muy caro pues, ni siquiera los países más poderosos del mundo, volverán ser invulnerables (en realidad, nunca lo fueron del todo) y el terrorismo es una buena prueba de ello.

miércoles, 9 de abril de 2008

Mi mundo inventado

Personalmente, considero que intentar etiquetar o categorizar la realidad circundante, aunque nos resulte útil en este mundo tan complejo, nos limita nuestra visión del mundo, y por ende, avanzar en ella. Por ello primero he ido elaborando mi propio pensamiento, para posteriormente encuadrarlo en alguna ideología existente, y no a la inversa, pues me considero una persona libre de pensamiento sin la necesidad de que nadie me diga como pensar.

Bajo ese concepto de libertad, se sustenta mi visión de la vida, pues sin ella, todo lo demás desaparecería. Como ser humano, he nacido libre y moriré libre, pues ésta es inherente a la persona. Sin embargo, esta libertad posee unas limitaciones, que es la propia responsabilidad, pues nuestra libertad termina donde empieza la del otro.

Soy libre de soñar, pensar, ir contra corriente, cometer errores, enfadarme, rectificar, opinar distinto a lo que piensa la mayoría, en definitiva, a ser yo misma sin pensar en el que dirán, ni a ceder ante las presiones sociales a hacer algo en contra de mi voluntad. Es necesario en es esta vida errar y caerse, para poder aprender a levantarse y hacer frente a las adversidades de la vida.

Nuestra libertad de ser lo que somos, viene determinada por las injerencias de nuestro entorno más próximo, pues como dijo un afamado filósofo: “yo, soy yo y mis circunstancias”. Así es como entiendo mi libertad individual como persona, que entronca necesariamente con la sociedad en la que estoy inmersa, pues nacemos como seres naturales, y a lo largo de la vida, nos convertimos en seres sociales, con los derechos y obligaciones que ello implica.

Todas las personas nacemos libres e iguales, aunque a lo largo de la historia, la derecha en sus postulados ideológicos ha antepuesto la libertad individual a la igualdad, y la izquierda, la igualdad a la libertad, yo no pienso renunciar a ninguna de ellas, pues mi mente no concibe una sin la otra.

Deberíamos erradicar todas aquellas circunstancias ajenas al ser humano que provocan situaciones de desigualdad social, para que todos partamos desde las mismas condiciones y recursos, y que las desigualdades que se generen entre personas sean producidas por el esfuerzo y el trabajo personal de cada individuo, o por su ausencia, ya que cada uno debe llevar las riendas de su vida.

A lo largo de la historia y en la actualidad, la mujer, por el solo hecho de serlo, se ha visto sometida al hombre y a múltiples vejaciones, y ésta es una de las lacras que arrastra la humanidad y que es necesario erradicar. Muchas veces se juzgan a las personas por su sexo, y esto ha sido motivo de discriminación, por falsas creencias arraigadas (p.e. que no somos iguales, o que la mujer es un ser inferior al hombre) en muchos hombres y mujeres, y que son trasmitidas por la educación. Sin embargo, ambos son personas, y debemos valorarlos como tales, sin dobleces, por sus aptitudes, capacidades y esfuerzos. Debemos olvidarnos de anticuados prejuicios y estereotipos que son causa de múltiples actos de discriminación, no solo a la mujer, sino a otros colectivos.

Las personas al vivir en sociedad, tenemos obligaciones y derechos, que son necesarios de recalcar para que la persona no sea víctima de abusos ni dejaciones por parte de otras, ya que si los seres humanos no viviésemos en sociedad, esto carecería de sentido. Por ello, lo derechos colectivos, necesariamente son derechos que afectan a las personas individualmente, pues un colectivo se conforma de individuos.

Pude leer en un artículo que el aumento de las prestaciones sociales produce un retroceso en los derechos individuales. Los servicios sociales son necesarios, puesto que hay colectivos menos favorecidos, por distintos motivos, ajenos o no a ellos, que necesitan de recursos para mantener una mínima calidad de vida. En ocasiones, es necesario hacer ver a las personas que pueden cambiar su situación si se cambian las circunstancias con trabajo y esfuerzo, y que eliminen esa creencia de indefensión aprendida. El modelo social debe basarse en la solidariedad entre sus ciudadanos, para construir un mundo más justo.

Abogo por una educación y sanidad pública y de calidad, pues sus servicios no deben estar determinados por el nivel de renta de las familias, es decir, que la educación de los hijos de las familias que puedan permitirse unas instituciones privadas no sea superior al de los públicos. Que el dinero no sea causante de esas diferencias educativas, por ello hay que regenerar la educación pública, pues los problemas asociados a la pública, no le son inherentes a ella, y por lo tanto se pueden erradicar con recursos, y con otra visión de hacer educación.

La dicotomía entre países pobres y ricos es una realidad de la que no hay que olvidarse, aunque esta situación beneficie a unos pocos. La pobreza no se erradica llevándoles comida o donando dinero (quién sabe cuál sea su destino final), sino dotándolos de los medios de producción e infraestructuras necesarias, para que independientemente sean dueños de su futuro.

Históricamente, y en la actualidad, unos pueblos siempre han querido dominar e imponerse a otros pueblos bajo cualquier pretexto, pero esas ansias de conquista han sido el causante de múltiples desgracias. Por ello, en mi mundo, cada país debería preocuparse de su propia travesía en un mar impredecible, pero sin olvidarse de la realidad circundante, pues todos ellos forman parte de algo más grande, y deben cooperar para el desarrollo del planeta.

Las ansias de poder es el cáncer de la sociedad, las personas débiles de espíritu sin unos valores bien cimentados, se corrompen por él o solo los corruptos llegan él.

Me considero una persona crítica con lo preestablecido, por ello desde esta visión crítica y objetiva me permite analizar el mundo en el cuál vivo sin caer en partidismos que no benefician a nadie.

Concibo a España como un estado plural y heterogéneo, donde cada zona geográfica posee su idiosincrasia y sus particularidades culturales, históricas y lingüísticas, pues todos esos territorios conforman España. La relación entre los territorios debiera basarse en la igualdad y en la solidariedad.

Actualmente vivimos en Democracia (indirecta), la primera de toda nuestra historia, después del franquismo, la dictadura sin ideología, que se basaba en el unionismo, el catolicismo, la imposición, el conservadurismo y el autoritarismo. Las democracias deberían imperar en todos los países en pleno siglo XXI, pero la realidad es otra muy distinta., hay muchas dictaduras de diversos colores ideológicos, que deberían eliminarse. En España fue posible el paso de una dictadura a una democracia de la ley a la ley, pero lamentablemente, a la inversa también puede ocurrir, es decir, de la ley a ley se pueda pasar de una democracia a una dictadura, como así esta pasando en algunos países latinoamericanos.

Convivencia, paz, justicia, solidariedad, tolerancia hacia lo diverso, debieran ser los valores que sustentasen los pilares de este mundo, para que la gente tenga verdaderas oportunidades para vivir en un estado de bienestar.

Uno de los aspectos que también me preocupa es el desarrollo sostenible y el respeto al medio ambiente, porque desarrollo tenemos, pero no sostenible, y esto es una responsabilidad no solo individual sino social e institucional.

Hay que hacer reformas económicas, sociales y políticas que mitiguen los efectos negativos del capitalismo, para disminuir las desigualdades, y una distribución más justa de la riqueza, pues uno de los principios, para mi parecer negativo, es el de mayor beneficio al menor coste. Y con esa visión, hay millones de personas en el mundo, incluida en España, en situaciones laborales indignas para el ser humano (p.e. hay personas trabajando por míseros sueldos por necesidad, porque el empresario sabe que hay mucha gente dispuesta a trabajar, y eso lo utiliza en su propio beneficio). De aquí se deriva que muchas empresas no apliquen la ley de prevención de riesgos laborales, ya que requieren una buena inyección económica, pues luego llegan las lamentaciones.

Lo detallado hasta aquí, puede resultar propio de una utopía (pues lo es), pero renunciar a ella, sería renunciar al cambio, y al motor de la sociedad. Hay que trabajar desde el sistema para transformar la sociedad y mejorarla. Y para este propósito, la educación debería ocupar el pilar fundamental de la sociedad, pues es la única vía para transformar este mundo en uno mejor.

La educación, no solo consiste en inculcar unos contenidos sino unos valores que fomenten esa sociedad en la que anhelamos vivir, y erradicar los problemas de la sociedad. La educación es responsabilidad de todos, mayormente de los padres, pero también de las instituciones educativas y de la propia sociedad en la que estamos inmersos.

No debemos dejar de ser reivindicativos, y dejar de lado el conformismo, y luchar por un mundo más justo y equitativo, y progresista. Ese progreso conlleva consigo una apertura mental en contraposición con una falsa moral impuesta.


domingo, 6 de abril de 2008

Relato

Allí estaba sentada en el frío suelo de aquella habitación, la nada y el vacío envolvían el ambiente, donde las cuatro paredes se estrechaban cada vez más para apoderarse de lo poco que quedaba de mí. Me preguntaba cómo había llegado a ese lugar tan sombrío y silencioso, con la única compañía de unas cadenas que recorrían mi cuerpo y que no dejaban resquicio alguno para el movimiento.

Quién me habría hecho semejante atrocidad, con qué motivo, con qué propósito. Tantas y tantas preguntas me hacía, que empecé a ver enemigos por todas partes, esperando impacientes que esta vida se vaciase y dejase de luchar contra esas cadenas que me privaban de mi libertad.

Absorta en mis pensamientos, sentí un leve ruido, se trataba del ruido de un picaporte al girar para abrir una puerta. De repente un rayo de esperanza se dejaba aparecer por aquel lugar en forma de…, no sabría como describirlo, su luz me cegaba, y no podía ver quién era. Solo me atreví a pedirle, a implorarle:

- ¡Por favor! Desátame, estas cadenas me están matando, no puedo con el dolor. Sácame de aquí, te lo ruego, no sé que hago aquí.

Solo el silencio contestó, aunque esa luz empezó a acercarse a mí, y mirándome a los ojos me dijo:

- No puedo, aunque quisiera, tú no me dejarías. La única persona que puede liberarte de esas cadenas, está en ti.

Dichas estas palabras, desapareció. Esas palabras me dejaron aturdida, cómo no iba a querer que me ayudase, qué sandeces eran aquellas, en las que la única persona que podría sacarme de allí, era yo misma.

Entonces opté por romper esas cadenas a la fuerza, ya que tenía que depender de mí. Con todas mis energías traté de romperlas y escaparme de ellas, pero todos mis esfuerzos eran en balde, estaba exhausta, y las cadenas estaban allí, sarcásticas riéndose de mí.

De repente, me sorprendí llorando, y con la respiración entrecortada, por primera vez sentía un miedo tan inmenso, que me embargaba todo mi ser. Tenía miedo a ese lugar, tenía miedo a estar sola, tenía miedo a morir entre esas cuatro paredes que me hacían cada vez más pequeña, tenía miedo a lo que podría sentir, tenía miedo al dolor, al sufrimiento; sentía tanto miedo que incluso dejé de llorar.

Absorta en aquellos pensamientos, en un momento imperceptible de lucidez, me percaté de las veces que la palabra miedo retumbaba en mi interior. Pensé en él, de qué tenía miedo y para qué, me adentré en él para conocerlo, para fusionarme en él.

Experimenté el miedo, y lo conocí, frente a frente le vi, y le espeté,“¿para qué sirves?”. Dichas estas palabras, dejé de tener miedo.

Estaba tan metida en mis propias pensamientos, sintiendo qué es el miedo, que cuando abrí los ojos observé a mi alrededor que aquellos enemigos habían desparecido, las paredes estaban en su lugar y las cadenas, esas cadenas que me privaban de mi libertad, estaban rotas e inservibles. Con el valor suficiente me levanté y con paso firme me dirigí hacia la salida, no sabía muy bien que me iba a encontrar, aunque ya no tenía miedo. Cuando salí de la habitación vi la luz, una brisa que me transmitía paz y tranquilidad. Allá, tras de mí, dejé la habitación que ya no estaba, había desparecido, pues ahora estaba libre de mis propios miedos.

Esos miedos irracionales, son los que nos bloquean, lo que nos paralizan, los que nos privan de la libertad de nuestro ser. No hay que tener miedo al miedo, no hay que evitarlo, ni buscar atajos para no encontrarnos con él, hay que sentirlo, porque solo viviendo el miedo, entendiéndolo y mirándolo de frente, esas cadenas desaparecerán y podremos al fin caminar y dejaremos de ser nuestros peores enemigos.

Algunas poesías

Cuando iba escribiendo este poema,
la pluma de entre mis dedos
se empezó a deslizar
con sinuosa rapidez,
escribiendo palabras
sin sentido alguno,
¿puede esto ser poesía?,
¿qué es entonces pues?,
¿un cúmulo de palabras
sin sentido alguno
que agradan a
incultos oídos?,
o ¿el reflejo de
sentimientos y emociones
de las almas que
miedo tienen a volar
y su única forma
de soñar que vuelan
es poner en cada línea
la pasión y el fervor
de lo que un día su
corazón les dictó?.



El arte, ¿se hace o se nace?,
el arte nace de entre
los lirios de la primavera,
y resurge con fuerza
pues reside
en los rincones más
oscuros y misteriosos
de nuestro ser,
el arte se hace,
como la vida a
las personas,
pues podemos
moldear con nuestras manos
quienes queramos ser,
el arte, ¿se hace o se nace?,
la diferencia del
ser o no ser, o
del no ser y poder ser,
la encrucijada de la vida misma,
que nos plantea
si somos o no capaces
de enfrentarnos
a nosotros mismos
y superar
el abismo que
separa el nacer del hacer.

viernes, 4 de abril de 2008

La asertividad

La asertividad es un estilo de comunicación mediante la cual la persona es capaz de defender sus derechos y expresar su convicciones sin agredir ni sometersea a otras personas. Es un estilo que está abierto a opiniones ajenas, dándole las misma importacia que a las propias. Este estilo de comunicación parte del respeto a los demás y hacia uno mismo, aceptando que la postura de los demás no tiene por qué ser coincidente con la propia. Aunque ser asertivo no significa llevar la razón, sino expresar nuestras ideas sean correctas o no, pues tenemos derecho a equivocarnos. En los extremos se situarían los siguientes estilos:

  1. Pasividad o no-asertividad: propio de personas que evitan mostrar sus sentimientos o pensamientos por temor a ser rechazados o incomprendidos o a ofender a otras personas. Infravaloran sus propias opiniones y necesidades y dan un valor superior a las de los demá
  2. Agresividad:la persona sobrevalora sus opiniones y sentimientos personales, obviando o incluso despreciando los de los demás.

¿Sabemos ser asertivos?