La ventana del mundo se vuelve más y más estrecha cada vez, por lo que nos entra el pánico de quedarnos aislados, aislados en nuestro propio interior de conflictos y deseos . Tenemos miedo de saber quienes somos, de descubrir que nada de lo que hicimos nos merece la pena, miedo en pensar en el tiempo perdido, pues si hay algo de valor para el hombre, ese es el tiempo. Vivir, vida, lo importante es saber quienes somos y que estamos aquí. Que somos personas únicas en el mundo, pues no hay dos personas iguales, porque la autenticidad nos caracteriza, y el intendo de homogeneizarnos es un atentado al ser humano como ser diferenciado.Compartimos, colaboramos desde nuestra voluntad, que aunque no seamos el otro podemos sentir como siente el otro, y por lo tanto se origina un vínculo sincero y verdadero. Vivir no es alcanzar la cima o el objetivo, es recorrer el camino, sin que el tiempo te obsesione, es observar a las laderas de camino, ayudar al que sentado en una roca está llorando. Mirar al claro de los ojos, y ver su verdad, descubrir el lenguaje oculto de los sentiemiento y las emociones.
Vivir es sentir, sufrir, reir, y por qué no, llorar, dudar. Quizás no sepamos como seguir ese camino, pues bloquedos estemos, estando en un inpas de nuestra vida, y cómo seguir, quizás se el propio camino quien nos lo indique.
El ser humano ha de vencer a su egoismos más nocivo para transformar y crear, dibujar una realidad para ser vivida, unas realidades sin almas que vaguen muertas, una realidad en las que reine la sinceridad con nosotros mismos y el mundo, una realidad donde seamos capaz de escuchar al otro y entender lo que quiere decir, una realidad en que no exista la perfección, pues exigir la perfección a alguien acaba por ahogarla en su propia angustia.
Soy yo y el mundo que me rodea, pues infinitos mundos existen.