La educación es el pilar fundamental de cualquier sociedad, puesto que el objetivo inherente es formar a futuros ciudadanos libres. Una libertad concebida como una responsabilidad, para saber desenvolverse en un mundo cada vez más complejo y globalizado.
La educación debe estar destinada a formar en valores a esos futuros ciudadanos del mundo. En esta tarea interviene el denominado triángulo educativo: familia, sistema educativo y la sociedad. En el centro de ese triángulo estaría el sujeto, con el que se establece una relación bidireccional.
La tarea de educar por parte de los padres consiste en formar a un sujeto para que viva como persona. Los primeros años de vida son cruciales para establecer la futura personalidad del sujeto. Por ello hay que educar desde el principio, desde el afecto y la disciplina, entendiendo ésta como los límites de la propia conducta y la responsabilidad sobre la misma.
El niño tiene que aprender a ser persona, puesto que para lo que para un adulto nos parece normal y lógico (p.e. no pegar), para ellos no lo es, y tenemos que enseñarles lo que es correcto y no, puesto que para ellos todo es nuevo. Hay que transmitir valores que en un futuro les servirán de guía para su propia conducta, como son los siguientes: el valor de la libertad, la justicia, la cooperación, la tolerancia a la diversidad, el del esfuerzo, el interés por aprender, fomentar un espíritu crítico, étc.
En ese proceso educativo, los padres paulatinamente deben saber ceder la autonomía a su hijo, y no tienen que temer a que se equivoque o cometa errores, puesto que estos también forman parte del proceso de aprendizaje, es decir, si nunca se cae, nunca aprenderá a levantarse. Los padres deben foemntar el diálogo con sus hijos, pues éste es la base de cualquier convivencia, ya que sin diálogo no hay convivencia, sino autoritarismo.
A lo largo de estos años, la sociedad ha ido perdiendo ciertos valores que son necesarios recuperar, como el del esfuerzo, ya que impera el principio del todo vale. Esta falta de valores produce una apatía en la sociedad. Vemos diariamente como algunas personas alcanzan el éxito sin esfuerzo o se enriquecen de forma fraudulenta, y estos pueden pasar a ser modelos de los jóvenes. Hay que enseñarles a los hijos a enfrentarse a esa sociedad, y para ello es imprescindible unos sólidos cimiento que no le hagan tambalearse en función de las redes o circunstacias sociales.
El sistema educativo debe ser reflejo de los valores que queremos que imperen en la sociedad, por ello la metodología es la clave para trasmimitir no solo esos valores sino también unos conocimientos. El alumno no es una tabula rasa, un alumnos pasivo, sino que debe ser él quien construya su conociemiento con la ayuda del profesor, quien es el que contiene dicho conocimiento. Hay que intercalar las clases magistrales con las clases interactivas, con el objetivo de que sea el alumno el protagonista de la educación.
La relación alumno-profesor es una relación asimétrica (epistemológa y en la autoridad), porque el profesor tiene conocimientos que transmitir de una forma actva y participativa, y debe ser quien establezca las conductas adecuadas e inadecuadas en clase, pero la autoridad por autoridad el alumnos no la acpeta, debe ganarse la autoridad, ya que los alumnos entienden como norma general, la autoridad coherente. El prefesor tiene que saber motivar a los alumnos para que quieran aprender y vayan adquiriendo autonomía en el trabajo.
Esto hace referencia a la forma, al método educativo. El contenido haría referencia a la ley educativa, que una vez aprobada tiene un calendario de implamtación de 10 años, y son estos años lo que un alumno tarda en la enseñanza básica obligatoria. Por eso si la ley cambia cada 4 o 8 años en función de quien este en el gobierno estamos ante un sistema educativo inestable.
Por ello hay que establecer un pacto por la educación, con unos contenidos que fomenten lo valores ya mencionados, y que velen por la pluralidad de este país partiendo de la unidad, y que logren una mejor compresión de nuestro país y del mundo en el cual vivimos, p.e. en literatura, los alumnos de la comunidad valenciana saben quien es Cervantes, pero los de Madrid no saben quien es Joan Martorell.
Por este y por más motivos es necesario modificar los planes de estudio desde el entendiemiento y para construir un sistema educativo fuerte y de calidad.