Hace unos días, por medio del diario El Mundo, nuestro presidente del gobierno, Jose Luis Rodriguez Zapatero, reconoció que se mantuvieron contactos con la banda terrorista ETA tras el atentado de barajas, según él, bajo instancias internacionales para agotar todas las posibilidades con el objetivo de evitar más muertes.
Todavía recuerdo, semanas después del atentado, como nos dijo a los ciudadanos que ETA unilateralmente había roto la tregua, y que toda esperanza de diálogo habán sido enterradas con la T4. También recuerdo, como miembros de su gobierno negaban cualquier contacto con los terroristas en contestación a las publicaciones en el diario Gara, y nos decían que a quiénes íbamos a creer si al gobierno o a los terroristas. Evindentemente, por qué ETA tendría que mentir, no tiene nada que perder, sin embargo el gobierno sí, su credibilidad.
Aproximádamente hace cuatro años, el candidato del PSOE por entonces a las elecciones, nos dijo que él no nos mentiría, que no nos ocultaría la verdad. En referencia al 11 M, ETA en un comunicado dijo que no tenía nada que ver dicho atentado, y por aquel entonces dirigentes socialistas nos decían que ETA nunca mentía. Por lo tanto, ETA tiene o no credibilidad, pues que cada cual saque sus conclusiones.
Uno de los valores de la política debería ser la sinceridad, pues a través de ésta se consigue la confianza, y lo mínimo que se puede exigir a los políticos es transparencia e ir por la verdad por delante, algo que los politicos están poco acostumbrados.
La resolución del Congreso de los Diputados establecía que el gobierno podría establecer contactos con ETA para el fin dialogado de la violencia sin ceder ante sus reivindicaciones políticas, siempre y cuado hubiese una ausencia total de violencia y una verdadera voluntad de dejar las armas. Es evidente que durante la tregua algunas de las condiciones no se daba, pero el gobierno estaba en la obligación de verificar dicha tregua e intentar acabar con el terrorismo.
Dicha resolución debe seguir vigente, pues si en algún futuro, ETA y su entorno tienen una voluntad firme y sincera de abandonar la violencia para conseguir sus fines políticos, algo que no creo que suceda.
En definitiva, todo es cuestión de confianza, y en estos momentos para mi el PSOE no se la merece, no solo por habernos ocultado la verdad, sino porque solo ha sabido poner parches a los problemas reales de los ciudadanos. Sin embargo, también con algunas de sus medidas ha supuesto avances sociales, como la ley de dependencia (ahora falta verlo en la práctica) y el matrmonio entre personas del mismo sexo, aunque todavía queda mucho por hacer.
Desde aquí abogo por encontrar un partido liberal progresista de izquierdas, que suponga esa tercera vía que haga frente al bipartidismo, y que trabaje para y por los ciudadanos por igual.
Todavía recuerdo, semanas después del atentado, como nos dijo a los ciudadanos que ETA unilateralmente había roto la tregua, y que toda esperanza de diálogo habán sido enterradas con la T4. También recuerdo, como miembros de su gobierno negaban cualquier contacto con los terroristas en contestación a las publicaciones en el diario Gara, y nos decían que a quiénes íbamos a creer si al gobierno o a los terroristas. Evindentemente, por qué ETA tendría que mentir, no tiene nada que perder, sin embargo el gobierno sí, su credibilidad.
Aproximádamente hace cuatro años, el candidato del PSOE por entonces a las elecciones, nos dijo que él no nos mentiría, que no nos ocultaría la verdad. En referencia al 11 M, ETA en un comunicado dijo que no tenía nada que ver dicho atentado, y por aquel entonces dirigentes socialistas nos decían que ETA nunca mentía. Por lo tanto, ETA tiene o no credibilidad, pues que cada cual saque sus conclusiones.
Uno de los valores de la política debería ser la sinceridad, pues a través de ésta se consigue la confianza, y lo mínimo que se puede exigir a los políticos es transparencia e ir por la verdad por delante, algo que los politicos están poco acostumbrados.
La resolución del Congreso de los Diputados establecía que el gobierno podría establecer contactos con ETA para el fin dialogado de la violencia sin ceder ante sus reivindicaciones políticas, siempre y cuado hubiese una ausencia total de violencia y una verdadera voluntad de dejar las armas. Es evidente que durante la tregua algunas de las condiciones no se daba, pero el gobierno estaba en la obligación de verificar dicha tregua e intentar acabar con el terrorismo.
Dicha resolución debe seguir vigente, pues si en algún futuro, ETA y su entorno tienen una voluntad firme y sincera de abandonar la violencia para conseguir sus fines políticos, algo que no creo que suceda.
En definitiva, todo es cuestión de confianza, y en estos momentos para mi el PSOE no se la merece, no solo por habernos ocultado la verdad, sino porque solo ha sabido poner parches a los problemas reales de los ciudadanos. Sin embargo, también con algunas de sus medidas ha supuesto avances sociales, como la ley de dependencia (ahora falta verlo en la práctica) y el matrmonio entre personas del mismo sexo, aunque todavía queda mucho por hacer.
Desde aquí abogo por encontrar un partido liberal progresista de izquierdas, que suponga esa tercera vía que haga frente al bipartidismo, y que trabaje para y por los ciudadanos por igual.
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