Para algunos padres, la disciplina equivale a enfrentamiento, aunque no siempre equivale a la lucha, ni a un sistema de castigos, se trata más bien de orientar a los hijos en las nuevas situaciones en las que se enfrentan, ya que los niños necesitan reglas para aprender a hacer frente a esas nuevas experiencias. La disciplina supone entender las necesidades emocionales de nuestros hijos para que aprendan a manejarlas efectivamente. Es ayudar a los niños a desarrollar autocontrol, ponerles límites y corregir sus malas conductas. Es además animarlos, guiarlos y ayudarles a que se sientan bien consigo mismos.
Los límites son un material de enseñanza-aprendizaje, que requiere tiempo, constancia, claridad y serenidad. Son consecuencias lógicas, no caprichos de los padres ni consecuencias de su enfado. Conviene evitar el enfado, hay que entrenar en separar firmeza y enfado. Son como guías del niño para que no se pierda.
¿Qué hace que algunos padres les cuesten poner límites?
1. Se sienten sin energías para enfrentarse a sus hijos.
2. Intentan compensar el poco tiempo que pueden dedicar a sus hijos.
3. Padres inseguros y con poca autoestima, que desean ser aceptados por sus hijos, y no confían en sus propias decisiones ni en su capacidad de defenderlas.
4. Padres con distintas opiniones sobre una misma situación, y se desacreditan.
5. No saben donde poner límites y en que situaciones.
¿Qué es lo realmente perjudicial para el desarrollo del niño?
Tanto establecer normas demasiado estrictas o excesivas, como no poner ningún tipo de límites a su comportamiento.
Condiciones para poder establecer con éxito los límites:
Hay que tener consistencia:
a) Ambos padres han de estar de acuerdo con las reglas y que sucede si se rompen.
b) Corregir la conducta indeseada cada vez que se presente.
c) Las reglas se aplican todos los hijos tomando en cuenta sus ideas. Nada causa más resentimiento que una sanción diferenciada sin buenas razones.
¿Cómo disciplinar a nuestros hijos?
Poner límites es decirle que en este mundo no todo es posible, lo que se traduce en darles una visión real del entrono en el que viven.
a) Definir las reglas que los niños puedan entender y seguir.
b) Expresarles positivamente sin olvidar sus necesidades de nuestros hijos. En vez de decirle “no corras en casa”, decir “se puede correr solamente en el patio o el parque”. Hay que reservar el no para otras ocasiones, pues si empezamos desde que son pequeños con el no, pierde su efecto, como el efecto de un perfume. Hay que utilizar frases positivas en lugar de decir no (p.e “ está caliente y te puedes quemar.”)
c) No poner demasiadas reglas, pues los niños están ocupados en explorar su mundo y sus nuevas habilidades. Para que la regla quede deberemos repetirla más de una vez.
d) Ser firmes al decir que no, explicando nuestras razones y asegurarse de que lo entiendan.
e) Conforme crecen, dejémosle participar en el establecimiento de algunas reglas y lo que sucede si se cumplen o se rompen. Muchas veces las negociaciones dan buenos resultado (p.e ¿qué te parece si te lavas los dientes y luego te leo un cuento?
f) Dar ejemplo: los niños imitan lo que hacemos.
g) Definir rutinas, y así podrán saber lo que esperar (siesta, baño, hora de ir a la cama, etc.).
Si los límites no son respetados se puede hacer lo siguiente:
1. Premiar actitudes; las recompensas pueden ser sociales como una sonrisa o un abrazo, o más tangibles, como estrellas en la frente, etc. El objetivo es que la conducta misma llegue a ser su propia recompensa.
2. Elogiar conductas deseables haciendo hincapié en la conducta concreta.
3. Ignorar: antes de hacerlo es importante valorar el comportamiento y decidir si no es contraproducente.
Hay muchos niños a quienes rara vez se les de una atención positiva, y es por ello que consideren que la desaprobación es mejor que ninguna atención.
El castigo: solo de utilizarse para corregir una conducta indeseada, pues no debemos mandar a la cama porque estemos cansados, las razones deben ser específicos y ellos deben entenderlo. Saber exactamente porque es castigado. No se debe causar dolor, ya sea físico o emocional. Es una herramienta para educar que solo debe usarse cuando sea necesario. Se debe aplicar inmediatamente, y siempre que se cometa la falta sin depender del buen o mal humor. Debe ser justo, no lo dejemos sin comer simplemente por encender la tele sin avisarlo.
El respeto por el niño debe permanecer intacto, sin que sufra en su autoestima, Hay que ofrecerle una conducta alternativa para reemplazar la conducta indeseada. No asociarlo a actividades de aprendizaje, como copiar, hacer cuentas o leer.
Los límites son un material de enseñanza-aprendizaje, que requiere tiempo, constancia, claridad y serenidad. Son consecuencias lógicas, no caprichos de los padres ni consecuencias de su enfado. Conviene evitar el enfado, hay que entrenar en separar firmeza y enfado. Son como guías del niño para que no se pierda.
¿Qué hace que algunos padres les cuesten poner límites?
1. Se sienten sin energías para enfrentarse a sus hijos.
2. Intentan compensar el poco tiempo que pueden dedicar a sus hijos.
3. Padres inseguros y con poca autoestima, que desean ser aceptados por sus hijos, y no confían en sus propias decisiones ni en su capacidad de defenderlas.
4. Padres con distintas opiniones sobre una misma situación, y se desacreditan.
5. No saben donde poner límites y en que situaciones.
¿Qué es lo realmente perjudicial para el desarrollo del niño?
Tanto establecer normas demasiado estrictas o excesivas, como no poner ningún tipo de límites a su comportamiento.
Condiciones para poder establecer con éxito los límites:
- Que exista un buen clima familiar, de afecto y cariño.
- Los padres deben estar convencidos de aquello que exigen.
- Comportase de forma coherente con lo exigido.
- Normas claras y realmente necesarias.
- Jerarquizar la importancia de los temas, y actuar en conformidad con su importancia educativa.
- Mostrarse firmes.
- Tener una mentalidad flexible que les permita ir adaptando esas normas a la situación.
Hay que tener consistencia:
a) Ambos padres han de estar de acuerdo con las reglas y que sucede si se rompen.
b) Corregir la conducta indeseada cada vez que se presente.
c) Las reglas se aplican todos los hijos tomando en cuenta sus ideas. Nada causa más resentimiento que una sanción diferenciada sin buenas razones.
¿Cómo disciplinar a nuestros hijos?
Poner límites es decirle que en este mundo no todo es posible, lo que se traduce en darles una visión real del entrono en el que viven.
- Hay que ayudarles a expresar sus sentimientos.
- Establecer reglas:
a) Definir las reglas que los niños puedan entender y seguir.
b) Expresarles positivamente sin olvidar sus necesidades de nuestros hijos. En vez de decirle “no corras en casa”, decir “se puede correr solamente en el patio o el parque”. Hay que reservar el no para otras ocasiones, pues si empezamos desde que son pequeños con el no, pierde su efecto, como el efecto de un perfume. Hay que utilizar frases positivas en lugar de decir no (p.e “ está caliente y te puedes quemar.”)
c) No poner demasiadas reglas, pues los niños están ocupados en explorar su mundo y sus nuevas habilidades. Para que la regla quede deberemos repetirla más de una vez.
d) Ser firmes al decir que no, explicando nuestras razones y asegurarse de que lo entiendan.
e) Conforme crecen, dejémosle participar en el establecimiento de algunas reglas y lo que sucede si se cumplen o se rompen. Muchas veces las negociaciones dan buenos resultado (p.e ¿qué te parece si te lavas los dientes y luego te leo un cuento?
f) Dar ejemplo: los niños imitan lo que hacemos.
g) Definir rutinas, y así podrán saber lo que esperar (siesta, baño, hora de ir a la cama, etc.).
Si los límites no son respetados se puede hacer lo siguiente:
1. Premiar actitudes; las recompensas pueden ser sociales como una sonrisa o un abrazo, o más tangibles, como estrellas en la frente, etc. El objetivo es que la conducta misma llegue a ser su propia recompensa.
2. Elogiar conductas deseables haciendo hincapié en la conducta concreta.
3. Ignorar: antes de hacerlo es importante valorar el comportamiento y decidir si no es contraproducente.
Hay muchos niños a quienes rara vez se les de una atención positiva, y es por ello que consideren que la desaprobación es mejor que ninguna atención.
El castigo: solo de utilizarse para corregir una conducta indeseada, pues no debemos mandar a la cama porque estemos cansados, las razones deben ser específicos y ellos deben entenderlo. Saber exactamente porque es castigado. No se debe causar dolor, ya sea físico o emocional. Es una herramienta para educar que solo debe usarse cuando sea necesario. Se debe aplicar inmediatamente, y siempre que se cometa la falta sin depender del buen o mal humor. Debe ser justo, no lo dejemos sin comer simplemente por encender la tele sin avisarlo.
El respeto por el niño debe permanecer intacto, sin que sufra en su autoestima, Hay que ofrecerle una conducta alternativa para reemplazar la conducta indeseada. No asociarlo a actividades de aprendizaje, como copiar, hacer cuentas o leer.
1 comentario:
Todo esto explícaselo a uno de esos, de los que hablas en tu siguiente post, a un violador de catorce años...
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