
La vida es como una hoja en blanco que hay que pintar. Cuando nos encontramos cara a cara con el vacio, podemos pintar con diversos utensilios y elaborar figuras con alguna forma conicida, o bien, podemos pintar con nuestros sentidos y atrevernos a ser libres, a pintar con el alma, sin tener que elaborar algo definido, sino solamente dejarnos llevar, y perdernos entre los colores.
Pretender pintar sin mancharse es como vivir sin arriesgarse, aunque haya algunos que les cuesta tomar decisiones más que a otros. Para pintar hay que disfrutar, disfrutar con las sensaciones, recorriendo nuestro interior, y sacar la parte letargada.
Pintar con los ojos cerrados es guiarse con los ojos del alma, un alma no contaminada y pura que reluce y se expresa a través de los sentidos y del arte.
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