Esta semana he sido testigo de una incoherencia por parte de la jerarquía eclesiástica, por un lado, en España la iglesia ha lanzado una campaña en contra del aborto comparando un bebé con un lince ibérico, perdón, euroasiático, aunque este no está en peligro de extinción, pero todos tenemos algo en común, somos seres animales.
Están en todo su derecho de mostrar su disconformidad, aunque el tema del aborto es un tema bastante complejo, puesto que a partir de que semanas podemos considerar que está formado como ser humano. También entran en juego otra serie de factores como el ambiente social donde vivan los padres, y los recursos económicos, pues no es lo mismo un chica de un barrio marginal rodeada de delincuencia y drogas, que otra chica de familia acomodada.
Hace falta una ley de plazos, el debate estaría hasta que semanas sería posible, y es aquí donde entran los médicos y ginecólogos. Con el aborto no hay que vanalizar, pues no es un método anticonceptivo, y para no llegar a este punto, donde una chica tenga que decidir si abortar o no, mejor sería que no se hubiese quedado embarazada, y para ello hay que prevenir mediante educación y poner las medidas necesarias para no quedarse embarazada.
Aunque la iglesia también está en contra de medidas anticonceptivas, ya lo dijo el Papa en África, en relación con el SIDA, que usar preservativos aumenta esta enfermedad. Están a favor de la vida, pero y si están a favor de la vida, como pueden estar en contra de que un bebé pueda salvar la vida de su hermano. Cómo pueden estar en contra de eso, si esto no son incoherencias venga Dios y lo vea
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