Allí estaba sentada en el bordillo de aquella solitaria calle, con el rostro desencajado y sumido en la deseperación. Lloraba sin cesar al ritmo de las gotas de lluvia que rozaban mi cara. Suspira profundamente y mira hacia el cielo encapotado, y esboza una media sonrisa irónica.
Se preguntaba cómo podía haber acabado todo de esa forma, o era tan solo el comienzo, ¿cómo saberlo?. Todo le había salido mal, pero quizás, de la ecatombe que había sufrido su vida podría recoger los escombros, deshacerse de ellos y emprender un nuevo camino sobre la lluvia.
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