lunes, 12 de mayo de 2008

Silencio

Silencio, todo en aquella habitación sabía a un silencio roto por aquél llanto que no lograba discernir de donde provenía, oía murmullos que gritaban su nombre, como si se les fuese a olvidar, o que por el mero de hecho de pronunciarlo iban a retenerla en aquel mundo, ese mundo que no le pertenecía, pues había vendido su alma por un fugaz instante de placer que se le escapaba de entre las manos. Y allí estaba, vacía por dentro, preguntándose como había llegado a querer huir hacía el abismo.

Toda una vida de engaños, de una supuesta felicidad que se veía truncada por una honda tristeza de querer escaparse de aquella realidad que en ocasiones le venía demasiado grande.

Solo quería sentir otras sensaciones, otras emociones, que le devolviesen a esa mirada ingenua que una vez poseyó. Conforme aquella nube formada por polvo de ángel iba haciéndose más grande, su contacto con la realidad iba disminuyéndose hasta desaparecer.
Se creó otro mundo, su propia realidad libre de miradas inquisitorias pues esa vida no era la que había soñado.

Silencio, ya no se oía nada, solo silencio de no haber tenido la fuerza suficiente de hacer de ese mundo, el suyo, porque aunque por muy perdidos que estemos, la vida es un camino hacía el autodescubrimiento y al reencuentro con quién realmente somos.

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